Hay sueños que nacen con una meta muy clara.
El mío comenzó con un reto deportivo: ascender los 14 ochomiles del planeta sin oxígeno suplementario.
Con el tiempo descubrí que ese objetivo era solo el punto de partida.
Cada expedición me ha enseñado que las montañas no entienden de planes, de estadísticas ni de expectativas. A veces te regalan una cima. Otras veces te obligan a dar la vuelta. Y ambas forman parte del mismo camino.
Hasta hoy he alcanzado el Nanga Parbat, el Manaslu y el K2 sin oxígeno suplementario. También he regresado sin cima del Broad Peak, el Everest, el Makalu y el Annapurna.